EL FUTURO DE LOS CENTROS CULTURALES EN LA EUROPA CREATIVA

Susana Serrano

Tema: Centros Culturales + Relación Cultura / Creatividad.*

Prefiero una caja de gusanos de seda a una mariposa disecada”.

Esta frase, que he elegido como primer epígrafe para este texto, es un verso que he rescatado de un poema que escribí cuando era adolescente. Es curioso cómo las primeras cosas que escribimos resultan, finalmente, ser una inagotable fuente de recursos e ideas a lo largo de nuestras vidas. Son intuiciones, principios, apuntes… que en realidad poco van a cambiar en lo importante. Supongo que lo que quise expresar en este verso final, era un poco mi manera de entender el arte, mi preferencia por aquello que está vivo y tiene la capacidad de generar un hilo infinito y muy preciado, la seda. Por muy bellas que sean las alas de la mariposa, si no las podemos ver en su vuelo ya habrían perdido gran parte de su valor, de su sentido. Ahora me gusta pensar en esos “gusanos de seda” como en esas prácticas artísticas y culturales que siempre me han interesado en diferentes disciplinas, quizá no poseedoras de una apariencia tan hermosa, pero sí extraordinarias y misteriosas, capaces de producir algo en su proceso de constante transformación: entre la promesa de un descubrimiento y la huella que permanece como un regalo. Años más tarde, en una magnífica entrevista realizada por Pedro G. Romero a Georges Didi-Huberman para la revista Minerva, encontré que en un momento dado se decía algo parecido con respecto a las imágenes: “Tú me hablas de capacidad de verdad, y yo lo que digo es que esa capacidad de verdad hay que temporalizarla, hay que entender que sólo ocurre en momentos muy breves. Lo dice Benjamin: es un destello, un destello momentáneo, que dura sólo un instante. Y eso es lo que me interesa. Hace poco he acabado un texto sobre la imagen como mariposa. Si realmente quieres verle las alas a una mariposa primero tienes que matarla y luego ponerla en una vitrina. Una vez muerta, y sólo entonces, puedes contemplarla tranquilamente. Pero si quieres conservar la vida, que al fin y al cabo es lo más interesante, sólo veras las alas fugazmente, muy poco tiempo, un abrir y cerrar de ojos. Eso es la imagen. La imagen es una mariposa. Una imagen es algo que vive y que sólo nos muestra su capacidad de verdad en un destello”. A partir de ahí, de esta idea tan bien expresada, podemos empezar a pensar e imaginar otras maneras de trabajar con el arte, de forma que consigamos (re)producir las condiciones que hacen posible un equilibrado ecosistema cultural.

Las ideas de laboratorio y proceso marcan la pauta. Para que los centros culturales del futuro alberguen aquellas prácticas artísticas que puedan aportar ese “brillo”, el descubrimiento fuera de las palabras, deben respetar ese “vuelo” a través de metodologías más cercanas a la permacultura que a la entomología. Es un giro en el que todas vamos a ganar, si pensamos a largo plazo y sabiéndonos vulnerables. Sería apostar por una cultura que se corresponda con una verdadera sociedad democrática, que además deberá saber incluir la disidencia, la diversidad y a las minorías. La creatividad es un elemento básico de nuestro desarrollo como organismos vivos adaptativos que somos. Se trata de una capacidad que más allá de implicar la idea de “progreso” se relaciona con el ser capaces de mejorar nuestra calidad de vida mediante la adaptación al medio: compartiendo una realidad y una poética en constante vibración.

1. El arte como método de conocimiento.

La función principal de los centros culturales siempre ha sido (o ha pretendido ser) la producción conocimiento. A diferencia de los museos que se han centrado más en la colección, los centros dedicados a la cultura no puede situar como único eje de acción esa colección, aunque sí se dé una adecuada labor de difusión de prácticas artísticas contemporáneas a través de la misma, en el caso de que se tenga. Sin embargo, no todos los centros ofrecen el suficiente apoyo para la producción de nuevos trabajos, lo que sería una de las maneras principales para generar conocimiento. La estrategia de comprar obras ya realizadas, con un valor (o previsión de valor) en el mercado no siempre se ajusta a las dinámicas del arte actual, sobre todo cuando se trata de proyectos basados en investigaciones y en la mera experimentación. En los centros culturales del futuro esta idea debería estar ya bien asentada, de forma que se establezcan las vías necesarias para desarrollar proyectos artísticos que no siempre van a terminar siendo una obra o una pieza concreta. Este convencimiento debería, por ejemplo, cambiar el hecho de que en la instituciones públicas se mantengan equipos de funcionarios, en muchos casos poco implicados en el centro y con pocas labores por hacer, y sin embargo luego no remunerar el trabajo realizado por artistas, investigadores y programadores que realmente son quienes generan los contenidos, dentro y fuera de la institución. Cuando el arte se entiende como un método de conocimiento, equiparable a la ciencia, lo que esperamos de él no queda exclusivamente asociado a la idea de ocio o entretenimiento, siendo esto un factor clave para su legitimación en la sociedad. Esto se debe, en gran medida, a que las metodologías artísticas son mucho más difíciles de describir en sus procesos, ya que trabajan con procesos de trabajo que utilizan la parte “no consciente” o “no racional” de nuestro pensamiento; algo que sin embargo es un aspecto de la inteligencia humana tenidos cada vez más en cuenta para conocer el funcionamiento del cerebro. A ello hay que añadir que la valoración de un proyecto artístico no siempre puede ir en relación a su número de visitantes, público o audiencia. Debemos intentar apelar más a lo cualitativo y no a lo cuantitativo sin más. Por tanto el desarrollo de gran parte de la cultura no debería estar obligado a seguir las pautas de lo “espectacular”. En otras áreas del conocimiento las investigaciones no están sujetas a estos condicionantes. No siempre se comparte con nosotras las fases de “ensayo y error” de las mismas ni sus resultados, pero nadie pone en duda la importancia de que se realicen tales investigaciones. Todo ello es sumamente importante para que podamos hacer sostenible económicamente los proyectos del ámbito cultural, ya sea con el apoyo público o privado, porque avanzar en esta consideración en torno a la labor que desempeñan las prácticas artistas influye directamente en su viabilidad. Si no cambiamos nuestra manera colectiva de entender la cultura y el arte no se va a mejorar la forma en que se gestiona y se hace sostenible.

Además de este necesario cambio de mentalidad por parte de todas, también tendríamos que concretar en algunos aspectos más concretos de la gestión cultural. Como requisitos indispensables cabría destacar dos cuestiones a las que se debería atender desde los centros culturales: asumir riesgos y respetar los tiempos. Dar apoyo a proyectos de largo recorrido, sin resultados inmediatos y, a veces, no concretos, caracteriza a las instituciones con verdadera visión de futuro. El formato expositivo perdería su estatus de actividad central para centrar más su atención en las residencias artísticas y en las actividades educativas, como talleres, seminarios y conferencias. La creatividad es uno de los factores clave del ámbito cultural pero ésta no es una herramienta exclusiva de las artistas. También están otras agentes como las comisarias, educadoras o críticas y, por supuesto, las usuarias, que tejen conjuntamente todo el entramado. Además, se hace necesaria una mayor diversificación profesional en este contexto. Los espacios para el arte, cada vez más, deberían saber incluir a profesionales de otras disciplinas, propiciar el encuentro y generar “un tiempo y un espacio” para producir ese conocimiento a través de los códigos específicos que aportan los procesos artísticos pero en el cruce con otras áreas del conocimiento.

Una consecuencia natural de este nuevo enfoque sería una desvinculación del tradicional “mercado del arte”, el cual mantiene aún su rol vertebrador en la escena del arte contemporáneo de manera bastante artificial. Esto es algo que se corresponde con las transformaciones que ya suceden en la economía global, en la que el intercambio de servicios es cada vez más relevante que el de los productos. “La cultura ha precedido siempre al mercado”. Sin duda los cambios propiciados por las nuevas tecnologías y, sobre todo, teniendo en cuenta el nuevo paradigma social y cultural que surge a partir de Internet: “Para una sociedad conformada sobre la noción de propiedad, como dice James Gleick, el hecho más difícil de admitir.., es que (Internet) no es una cosa, no es una entidad, no es una organización; nadie es su propietario, nadie la mantiene operativa. Simple y llanamente son los ordenadores de todo el mundo, conectados.” (Rifkin). Asumir este cambio es una tarea aún pendiente en el circuito oficial del arte, el cual apenas guarda relación con la realidad que le rodea, la torre de marfil hace mucho tiempo que fue derribada.

2. ¿Qué prefieres que te prepare una cena exquisita o que te enseñe a cocinar?

Con esta pregunta me gustaría que nos parásemos a pensar en una manera de entender el arte y la creatividad que siempre ha existido pero que a veces olvidamos. La máxima tan conocida de Joseph Beuys de “todo hombre es un artista” ahora es más real que nunca gracias a las facilidades que nos brindan las tecnologías, aunque hoy mejor diríamos “todas somos creadoras”, y esto es algo a lo que no pueden dar la espalda las instituciones culturales. No sólo debemos preocuparnos por ofrecer cenas de exquisitos chefs tres o cuatro veces al año, que es algo que está muy bien, sino también enseñar a cocinar, valorar la nutrición y apreciar la buena cocina. El aprendizaje es el motor de los centros culturales del futuro y es especialmente oportuna esta sencilla metáfora de la comida para que pensemos en la cultura como “alimento” necesario para nuestro crecimiento como personas y como sociedad. La idea de consumo responsable tiene, además, especial relevancia sobre todo cuando se trata de “inversión pública”, para no caer en “gastos innecesarios” que costean ciertas excentricidades y que son más un lujo superfluo que resta presupuesto para nuestra alimentación diaria. La idea de un “artista genio” que propicia una “exclusividad” y por tanto una “escasez” de lo que se ofrece, queda cada vez más obsoleta. Esto no quiere decir que debamos de dejar de educar nuestro paladar o que dejen de existir profesionales que por su dedicación aportan mucho a las investigaciones “culinarias”. Pero esta metáfora alimenticia nos sirve, a su vez, para darnos cuenta de lo absurdo de la existencia de por ejemplo grandes restaurantes sin público e incluso sin alimentos, pagados muchas veces con un dinero que es de todas.

La creatividad propicia los procesos de innovación, los cuales sólo son posibles cuando se abren a la participación y a lo inesperado, siendo el intercambio de experiencias y conocimientos la piedra angular para que estos sucedan. En la era de la información, la comunicación es además el lugar donde la cultura, y la política en general, se cuecen. La idea de laboratorio abierto donde compartimos nuestros saberes y recetas es el ideal en el que posar las estructuras, visibles e invisibles, de cualquier espacio dedicado a la cultura. La necesidad de formarnos continuamente (tanto el personal como las usuarias de los centros) nos conduce en esta dirección, reservándonos estos espacios no sólo para aprender en el modo más clásico y pasivo, sino también de una manera más activa y colaborativa. Esta “cocina/laboratorio” también es la mejor vía para tejer lazos y fomentar la inclusión de las comunidades locales. No siempre hace falta traer a gente de otros lugares para que nos muestre sus exóticos platos de alta cocina. A veces, es mucho más enriquecedor fijarnos en los sabores que ya se producen a nuestro alrededor y así ayudar para que sigan desarrollándose las diferentes iniciativas de nuestro entorno. Relacionarnos y favorecer las redes ya existentes entre las diferentes comunidades que forman parte del ecosistema cultural que nos rodea es una de las tareas principales de las agentes y equipamientos culturales de cualquier lugar.

3. Libre circulación de la cultura y el conocimiento: Software/ hardward libre + licencias libres + ética hacker (a fuego).

La digitalización es una de las grandes aliadas de la democratización de la cultura, si se hace bien. Porque, sin duda, está continuamente presente la amenaza de unos, cada vez más, agresivos procesos de privatización, de control de acceso a los contenidos y de libertad de expresión en las redes digitales. Pero las tecnologías llegadas con la revolución digital han sido más tendentes a crear espacios de libertad y creatividad que de comercio o espionaje, a pesar de que nos quieran convencer de lo contrario. La propia naturaleza de internet así lo demuestra: ya que en su estructura y protocolos básicos quedaba determinada por los principios de lo que ahora llamamos ética hacker. Esta construcción colectiva de la herramienta fue posible gracias al movimiento cultural que la acompañaba: el software libre y las licencias abiertas.

Las luchas por el control de la información y la explotación de nuestro capital cognitivo es el eje central de la actual economía de mercado del capitalismo tardío. Por lo tanto, la propiedad intelectual es un tema central en nuestra sociedad que afecta a todas las áreas del conocimiento y en especial a la cultura. La forma de licenciar los diferentes productos culturales es clave, más allá de los beneficios económicos particulares que – por el momento- generen las nuevas opciones de licencias más abiertas, ya que lo que desde ahí se cuestiona es una visión política, social, económica y cultural de base y, por tanto, las soluciones (los cambios y sus resultados) aún no son concluyentes. Es un posicionamiento con una fuerte carga simbólica, una grieta, que va minando el establishment, y no podrá desarrollar su capacidad de funcionamiento hasta que pueda establecer los condicionantes que le son propios y les serían favorables: algo que sólo es posible en un nuevo contexto: es necesario un estallido y una reconstrucción.

Esta es una cuestión tan relevante, a todos los niveles, que no puede ser obviada por las personas con responsabilidades en la gestión de la cultura, especialmente cuando es pública. Sobre todo, sería impensable que en los centros culturales del futuro se siguiera con procedimientos que reivindican la libre circulación del conocimiento y sin embargo no apuesten por un acceso más democrático a la cultura: donde se tendría que tomar decisiones muy diversas, como el tipo de software que se utiliza en el centro, las licencias que se elijan para el material que se genera desde ahí o las políticas de colaboración con otros centros e instituciones. También sería importante destacar el peligro que supone trabajar con dinámicas “como si fueran empresas privadas” en espacios que son mantenidos con dinero público. Y en este “funcionamiento” no sólo hay que tener en cuenta la relación con las usuarias sino también con sus propias trabajadoras, generalmente afectadas por unas condiciones de precariedad altamente preocupantes. Nutrir el ecosistema cultural y no fomentar pequeñas parcelas marcadas por estrategias de competitividad y exclusividad que pretenden fidelizar audiencias y público es un cambio que se hace absolutamente necesario. En las instituciones públicas el problema es aún mayor porque los responsables políticos, generalmente, se preocupan más de utilizar a la cultura como “escaparate” para sus campañas electorales, convirtiéndola así en un mero “adorno” circunstancial. Sobre todo, es especialmente alarmante que no se respete el trabajo que han realizado diferentes profesionales del ámbito cultural simplemente por haber sido realizado cuando sus partidos no están en el poder. Tampoco podemos seguir aceptando la manipulación que se hace de las políticas culturales para imponer una línea de pensamiento determinada o que sólo se busque propaganda para los partidos. Estos comportamientos son totalmente contrarios a una actitud hacker, a través de la cual no sería comprensible toda esa pérdida de tiempo y esfuerzo. No se trata, por tanto, de aplicar la filosofía hacker sólo por sus valores más altruistas sino porque, además, se basan en una mayor eficacia.

Hace unos años que está emergiendo un movimiento social, político y cultural que trata de defender los bienes comunes. En este contexto, necesitamos resetear el papel que tiene la cultura y el arte con respecto a su aportación a la sociedad, a ese “bien común”. Incorporarse a ese impulso, es sintonizarse con los nuevos tiempos. Es preferible que los centros culturales adopten una actitud con respecto a la cultura menos como autoridad y más como mediadores y proveedores de servicios. Ofrecer discursos y criterios pero siempre con las personas (profesionales o no) como protagonistas. Hacer que se involucren más, que no se queden en la mera participación en las actividades. Imprescindible es también, en esta línea, abrir nuevos canales para programar con toda aquella usuaria que esté interesada en aportar algo; dialogar con aquellas que ya está haciendo cultura en las redes y en las calles.

4. Nuevas formas de socialización de la cultura y la creatividad: La vida después de internet.

Si nos paramos a observar el contexto actual y atendemos a otros momentos histórico-artísticos que nos preceden, podríamos decir que probablemente estamos experimentando cierta vuelta a un “arts and crafts”, debido a la proliferación de las nuevas tecnologías y la democratización de estos nuevos medios que ha facilitado Internet. Bajo esta premisa, es más fácil entender parte de los conflictos que se producen en torno a quienes, hasta ahora, tenían el control de la producción cultural. La sobreabundancia de propuestas y su mayor (aunque difusa) visibilidad, nos hacen ver un auténtico momento de efervescencia creativa. Para incorporar todo este gran impulso descontrolado es necesario lanzarnos hacia nuevas estrategias de comisariado (no sólo expositivas), capaces de generar discurso, filtrar contenidos y traducir los nuevos movimientos culturales (profesionalizados o no). Será para ello interesante, contar con la complicidad que nos brindan las tecnologías y las redes sociales digitales. Es preocupante lo poco aprovechadas que están todavía hoy, las páginas web de los centros culturales. En un futuro (que ya ha llegado), los espacios digitales son una parte integral de cualquier centro. Su extensión y cara más visible. La gestión de los mismos debe estar realizada por profesionales del arte que sepan sacar partido de estos espacios, al igual que lo harían de las instalaciones físicas. Dejar esta función sólo a personas expertas en comunicación es insuficiente, prácticamente sólo un gesto de digitalización de la comunicación. El funcionamiento de esta parte digital del centro no sólo funciona hacia el exterior, debería ir proyectarse también hacia dentro. Las identidades digitales nos permiten interactuar, aprender, reflexionar con otras personas y otros centros, no es una parcela únicamente asociada a las labores de difusión.

Para entender la gran cantidad de creatividad que se da en las redes sociales es necesario que entendamos que es un “arte de todas para todas”, que sabe conectar con nosotras y nos (con)mueve. Se relaciona mucho con la actitud punk o el DIY, que se caracteriza por el ensayo y error (en todos los niveles), el descaro, el humor, la experimentación y las connotaciones políticas. Como resultado apreciamos cada vez más esa estética de lo procesual, de lo amateur que se mueve por el placer de desarrollar sus capacidades artísticas y compartirlas, muchas veces sin esperar nada a cambio. Se trata de una cultura abierta e inclusiva, espontánea, que en definitiva está marcando el pulso del arte actual. La cultura pop(ular) licuada y en constante ebullición. En el ámbito más profesionalizado también se incide en estas maneras de hacer, sobre todo en relación a los new media, donde es habitual trabajar con la idea de prototipado, encontrando sugerentes formas de belleza en el experimento y en lo indeterminado. Ahora todo está en beta, incluso este texto. La filosofía “Wikipedia” lo impregna todo. Pero ¿acaso no son esos juegos de niñas, en los que pasamos horas ensayando la vida, la esencia del arte?

*Este texto forma parte del libro EL FUTURO DE LOS CENTROS DE ARTE EN LA EUROPA CREATIVA, el cual hemos escrito un grupo de profesionales de este ámbito, de manera colectiva siguiendo la metodología de los booksprint, y acogidas por el Centro Cultural la Vidriera en Camargo en una iniciativa de conexiones improbables.

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