LabSurLab #2 (respondiendo al cuestionario*)

¿Cuáles son los retos de los Labs del sur? ( de los Labs, la red que es el Lab, de la red de redes)

Creo que las prácticas artísticas y sociales que se desarrollan en espacios que podemos denominar tipo “laboratorio”, por su carácter experimental, se enfrentan a retos muy parecidos ya sean del sur o no. Entendiendo, así mismo, la complejidad que supone tal denominación (SUR) ya que por ejemplo España también es sur (de Europa). Nosotras nos encontramos con dificultades y focos de interés similares a países sudamericanos o centroamericanos, de ahí quizá la afinidad y la puesta en marcha de diferentes redes de trabajo que atraviesan el Atlántico. Pero también las líneas se conectan y desconectan en muy diversas direcciones no siempre atendiendo a la situación geográfica, sino al deseo y la posibilidad de intercambio. Buen ejemplo de ello es la red Arco Atlántico que pusimos en marcha en el último SummerLab celebrado en Laboral.

Generalmente la situación y desarrollo de los diferentes labs va a estar determinada en gran medida por las circunstancias del contexto local, y estas sí pueden ser diferentes. Pero por lo que he podido observar en la mayoría de los casos las respuestas, las estrategias o herramientas, creativas y de pensamiento, vienen siendo comunes (electrónica DIY o DIWO, cartografías experimentales y ciudadanas, fabricación digital, usos sociales y creativos de las herramientas digitales, radios libres, etc). Para marcar, sin embargo, un reto que compartimos y que considero importante para este tipo de prácticas en estos momentos es mejorar sus condiciones de vida y la sostenibilidad de los proyectos.  Una de las vías para que esto suceda seria obtener una mayor legitimidad; la cual necesita de procesos de mediación y reflexión crítica que lleven a un diálogo con empresas, instituciones y el público en general. Esto viene siendo difícil por varios motivos, entre ellos el carácter contestatario de muchas de las propuestas o la tendencia de muchos de estos espacios a mantenerse libres y autogestionados rehusando cualquier apoyo institucional (hacklabs, hackerspaces). Sin embargo, es mucho lo que se está aportando desde estos espacios y se hace necesario explicar que no somos una “opción barata” para la programación de iniciativas culturales institucionales, sino que defendemos otras maneras de hacer y nos situamos en un nuevo territorio transdisciplinar que no siempre es fácil de identificar. Si no se entiende lo que hacemos, si no somos capaces de hacernos entender, difícilmente vamos a ser capaces de establecer nosotras el valor de lo que hacemos.

¿Cuáles crees que son los compromisos de los Labs del Sur? (de los Labs, la red que es el Lab, de la red de redes)

El compromiso principal es siempre con la sociedad. Emprender proyectos e investigaciones que aporten algo a las comunidades en las que vivimos. Mantener la horizontalidad que ya es definitoria de estos espacios, favoreciéndola a través de una más efectiva mediación. Lo experimental suele ir asociado a cierto elitismo pero, si bien algunos procesos pueden ser llevados a cabo por unas pocas creadoras o investigadoras, deberíamos procurar que al menos los resultados sean socializados y que no caigan en manos de los que hacen “exclusivos” sus beneficios.

Hacia dentro el compromiso que bajo mi punto de vista sería más necesario tener en cuenta es mantenernos en una lógica de colaboración que evite caer en la competitividad a la que nos empujan las estructuras capitalistas. Situarse en la intersección entre arte, ciencia, tecnología y sociedad, implica tener una amplia visión y un constante compromiso con una ética que resista las contraproducentes lógicas del mercado (en todas sus formas). Por ejemplo, en muchas ocasiones, ciertos proyectos que se relacionan con la tecnología se olvidan de mantener un compromiso con el medio ambiente o con las problemáticas de las comunidades. Si bien es difícil a veces conciliar necesidades y deseos, es importante mantener continuamente abierto un debate, una reflexión crítica y una atenta escucha de las diferentes partes implicadas.

En tu contexto local y en el contexto regional ¿Qué acciones o proyectos de los últimos 3 años que estén activos, crees que han funcionado mejor en la relación arte, tecnología y comunidad?

Con respecto a Andalucía me gustaría destacar a la Casa Invisible de Málaga, el FABLab de la Universidad de Sevilla, la labor del colectivo Zemos98 y las iniciativas del CICUSLab.

Desde tu contexto local, ¿Cuáles crees que son las posibilidades de transformación más potentes desde la relación arte, ciencia, tecnología y comunidad?

Parece que la escasez de recursos económicos de alguna manera a incentivado los procesos colaborativos y esto probablemente se va a mantener. Pero una de las cosas más interesantes es la efervescencia política entre la ciudadanía a partir del movimiento 15M, la cual está generando numerosas iniciativas que integran estos cuatro elementos de manera muy natural, abriendo numerosas y creativas vías para la transformación social.  Gran parte de las herramientas que se está utilizando para ciertas acciones vienen, o están directamente tomadas, de proyectos que se movían entre el ámbito cultural y el activismo social. También, hay que reconocer, que el “ideal de autarquía” asociado con los labs se hace irresistible ante un escenario político que se desentiende completamente del bien común y las necesidades de las personas. Aunque personalmente me inclino más en estos momentos por reclamar y recuperar para la ciudadanía el poder en la toma de decisiones con respecto a las políticas públicas (democracia real), intentando mejorar la gestión de los recursos comunes precisamente integrando estas nuevas prácticas y conocimiento compartido.

¿Cuáles son los objetivos concretos más inmediatos para fomentar los desarrollos de arte y cultura en el contexto de la red de redes labSurlab?

En mi opinión, algo que no nos está favoreciendo es obviar cierto tipo de análisis con respecto a lo que se hace en los diferentes labs. Que se hayan redimensionado las categorías no quiere decir que haya que dejar fuera muchas de las cualidades de la práctica artística que casi siempre se difuminan ante la experimentación tecnológica o la innovación social. Sobre todo es necesario facilitar el paso de un contexto a otro, es decir, no podemos pasar de colgar cuadros, luego mostrar vídeos o hacer performances y ahora directamente meter unas “personas haciendo cosas raras con la tecnología”. Cada práctica necesita generar su contexto y analizar las transformaciones en los procesos estéticos. Ha habido como una necesidad en las últimas décadas de incentivar la producción de los artistas para que generaran “obra” que se integrara dentro del mercado del arte. Las prácticas han ido variando mucho, adquiriendo gran complejidad, y se ha seguido hacia delante sin fomentar un marco teórico adecuado que las respalde y que sobre todo las hicieran llegar hasta un público amplio. ¿Donde están los textos teóricos que reflexionen sobre arte, ciencia, tecnología y sociedad más allá de la mera descripción de un proyecto? ¿Por qué a penas no tienen espacio en las revistas de arte especializadas o el las secciones culturales de los periódicos? Se da una evidente falta de apoyo a la investigación en este ámbito motivada por la búsqueda de una “rentabilidad” o resultados que aquí plantean una diferencia. Precisamos de un cambio de mentalidad, que sepa liberarse del encorsetamiento que ha caracterizado hasta ahora el mundo del arte y de la Academia, para emprender un estudio y una visión integradora de las ciencias y las humanidades.

¿Podrías por favor proponer tres acciones/proyectos que podría realizar la red de LabSurLab?

Pienso que sobre todo se deberían representar y dar apoyo a proyectos que ya estén en marcha en países latinoamericanos, especialmente este año de Ecuador. Y también sería interesante experimentar con los formatos del evento en sí; conseguir que los diferentes nodos se mezclen más y que todas las personas tengan la oportunidad de participar en áreas que no sean las que ya vengan trabajando. Que además se ponga en valor todo el proceso de la convivencia de esos días y se ponga empeño en conseguir una efectiva documentación. Por último, propondría la formación de un “metanodo” para trabajar en los asuntos de las propia red LabSurLab, pendientes o por decidir, que refuercen las estructuras.

Dentro del contexto de los labs del sur ¿qué importancia crees que se le da al trabajo de los artistas y cómo se transforman las artes y los labs en el trabajo conjunto ?

En una ocasión me invitaron a participar en un encuentro, en el Instituto por la Paz de Granada, en el que debatiríamos la posibilidad del arte como herramienta para la paz. En mi presentación hablé de diferentes proyectos relacionados con diferentes experiencias en labs. Al terminar las presentaciones me llamó la atención que, con respecto a las otras compañeras que participaron, prácticamente yo no había mencionado el nombre de ninguna artista, aunque sí hable de encuentros en los que algunas “artistas reconocidas” habían participado. Esto que me pasó es probablemente reflejo de cierto cambio en los planteamientos a la hora de trabajar en este contexto. Es interesante ver cómo la autoría y la propia definición de “artista” se ha diluido en las prácticas que se realizan, porque además es lo justo ya que suelen ser llevadas a cabo no sólo por una persona sino por un equipo o por los propios participantes de un taller determinado. Cuando este hecho entra en juego con dinámicas más tradicionales del contexto cultural, que sí necesitan el nombre (marca) para rentabilizar la inversión, surgen las fricciones que en muchos casos hacen que tengamos problemas a la hora de valorar un trabajo y darle el apoyo que necesita.

Las instituciones que tradicionalmente son “templos” del arte (MAMM, CAC o cualquier otro museo o centro de arte contemporáneo…) están acogiendo procesos vivos y no objetuales o espectaculares como el lSl, ¿cómo crees que se debe abordar este tema en el encuentro? ¿de qué cambio cultural fundamental estamos hablando en este caso?

En las preguntas anteriores he hecho referencia a distintos aspectos que han ido cambiado que creo que responden a esta pregunta. Añadiría que actualmente trabajo en una institución pública (Centro de las Artes de Sevilla) y, a pesar de su interés por las prácticas artísticas experimentales, continuamente nos vemos limitados ante la falta de una adecuada comunicación con la Institución que la respalda (El ayuntamiento de Sevilla). Sobre todo porque todavía cuesta mucho poner el acento en los procesos antes que en los objetos y tratar además a las usuarias como participantes activas que pueden aportar mucho al funcionamiento del centro si se les dieran mayores facilidades. Se las sigue tratando como público pasivo al que hay que “aleccionar” o “entretener”, en vez de como un grupo plural y diverso que en muchos casos ya pone en marcha iniciativas interesantes.

Pero aquí me gustaría señalar que en mi experiencia trabajando en LabSurLab #1 celebrado en el MAMM pude ver un magnífico ejemplo de cómo un museo es capaz de adaptarse a un proyecto tan complejo como el que tuvo lugar y dar cabida a las prácticas de las que aquí hablamos con las cuales no están familiarizadas. En todo momento respondieron a las necesidades de producción, supieron movilizar una amplia red de colaboradores en Medellín para dar apoyo al evento y consiguieron implicar a diferentes agentes sociales y culturales de la ciudad. En los meses previos se hizo un gran esfuerzo por conectar y trabajar con las comunidades locales, escuchándolas para atender a los proyectos que estaban en activo y que se relacionaban con los centros sociales y culturales de la periferia. Fue sorprendente la gran capacidad que tuvo este museo para romper cualquier tipo de barrera y hacer del espacio un lugar dinámico, que incorporaba zonas de trabajo, de reflexión y de encuentro. Tanto Juliana Restrepo, desde la dirección del MAMM, como Jorge Bejarano el la coordinación de actividades y Ana Cristina Cárdenas en la coordinación de la producción, hicieron un trabajo impecable. También, fue imprescindible el equipo muy joven que compone el museo que también facilitó el buen funcionamiento del evento. Pero, sin duda, gran parte del mérito de que el MAMM celebrase un encuentro tan singular fue gracias a la coordinación de Aniara Rodado y Alejo Duque, que dinamizaron la programación y las conexiones con artistas, investigadoras y activistas. Incluyeron las temáticas y los puntos de mayor interés del momento e hicieron posible esa compenetración entre las diferentes instituciones implicadas junto con las creadoras/usuarias. Sólo puedo dar palabras de agradecimiento por haberme hecho partícipe de este proyecto, en el que tuve la oportunidad de aprender muchas cosas y, sobre todo, pude llevarme esa sensación de que a veces sí es posible.

*Para la preparación del segundo encuentro LabSurLab en Quito se nos invita a responder a este cuestionario para dinamizar el debate, aquí mis respuestas.

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