Correspondencias

En una misma semana me he encontrado con tres proyectos distintos en los que aparecen incluidos emails personales en sus textos de presentación. El excelente libro de Arquitecturas colectivas editado por Paula Álvarez, el proyecto “salt & sugar, no sugar no salt” de Cildo Meireles y Antoni Muntadas y el proyecto de Robin Khan “Dining in refugee Camps. The Art of Sahrawi Cooking” seleccionado para la Documenta de Kassel. Al encontrarlos uno detrás de otro en muy poco tiempo, al darse esta coincidencia, me ha llamado la atención el uso de estas correspondencias privadas para contar y hacer públicas tales iniciativas. Podría tratarse de una moda, o de una casualidad, pero se dan una serie de factores que hacen pensar que no se trata sólo de eso.

Se da la circunstancia de que al creador de esta tecnología, el correo electrónico, Raymond Tomlinson, le fue otorgado el premio Príncipe de Asturias en 2009. Este tipo de reconocimiento nos hacen ver que la sociedad valora esta forma de comunicación y que está totalmente integrada en nuestras vidas. A su vez, y lo que me parece más interesante, es que se ha convertido en uno de los lugares en los que nuestra vida personal y laboral confluyen. Seguramente nunca antes en la historia nos hemos mandado tantas cartas (y sus variaciones). ¿Cuantos emails mandamos al día? Depende de nuestro trabajo. Las que desarrollamos proyectos culturales sabemos que son muchos, que a veces se confunden con conversaciones de chat, se combinan con llamadas de skype y, en esa vorágine, se entremezcla lo que es íntimo con lo social.

El encanto de la correspondencia epistolar, que suele hacerse pública con posterioridad, ahora se presentan dentro del proyecto: la documentación se acelera, se comprime, se adelanta a su tiempo, a la memoria. Pero no sólo es el efecto de la velocidad que marca nuestros ritmos, es también reflejo de que en muchos proyectos artísticos ponemos el proceso en el centro. Las investigaciones, los prototipados, las acciones colectivas… son un proceso que además tiene que ser contado. Esa narrativa nunca es fácil y tiene una importancia enorme. Aunque ella no es el proceso, es su relato, lo que va a ser socializado, lo que será “leído” por otras. Y por lo tanto de ello depende que ese proyecto funcione. No es la justificación del proyecto, es el encuentro con el “público”, la realización y finalidad de toda iniciativa cultural.

Los emails son un encuentro también, por eso quizá nos guste que se hagan visibles y relaten por sí mismos la aventura. “Todo ocurrió cuando X me manda un email y yo le contesto…”. Como además estamos tan acostumbradas a estar expuestas que mostrar los entresijos de la película nos encanta, nos hace “más reales”. Antes era parte del ejercicio historiográfico: que una investigadora sacase a la luz cómo tal artista, escritora o científica mantuvo conversaciones (cartas) con otra persona para mostrar cómo de ahí surgió una idea. Ahora lo hacemos nosotras mismas y ficcionalizamos en el propio proceso para (re)crear nuestra “imagen de…” alguien que está haciendo o ha hecho algo interesante y que merece la atención.

*La imagen es una fotografía de Holguer López titulada “Correspondencia para cuando me necesites”.

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