sobre el Medialab del CCEBA

¿Crees que combinar la docencia, la investigación y la creación es positivo e incluso necesario en el contexto actual para desarrollar tu trabajo?

Sí. Este tipo de práctica artística está muy vinculada a la investigación, aunque sea informalmente. Principalmente porque todo lo que uno realiza en esto termina siendo nuevo de alguna forma. La práctica por tanto requiere una investigación aunque sea informal. Entonces trabajar en un ámbito de investigación formal, como la universitaria, mejora esta situación. Uno elije investigar cosas que quizá por tu cuenta no investigarías. Y la docencia me parece muy importante porque te obliga a estar muy actualizado con respecto a lo que está sucediendo y produce además un tipo de intercambio de información con el alumnado que realmente es muy enriquecedor. Me entero mucho más de las cosas a través de mis alumnos a veces que les termino informando yo a ellos. Hay mucho intercambio de información y son muchas cosas que enseñas pero que luego te devuelven con más información en torno a eso. Todo el ámbito universitario es por tanto como un hervidero de conocimiento muy importante. Y sí, para mí me ha ayudado muchísimo.

Esto con respecto a los “espacios de educación formal”, pero ¿qué me dirías de los espacios de educación no formal que están surgiendo ahora, piedra angular de estos procesos, como serían los medialabs? Y también junto con esta cuestión ¿podrías hablarme un poco más de la labor que está llevando a cabo la AECID o la Fundación Telefónica en Argentina que parecen ser los que están desarrollando este tipo de prácticas?

Yo creo que los ámbitos que están apareciendo de divulgación de conocimientos no formales, o no académicos diría en realidad, son muy importantes por dos cosas. Por un lado porque tienen un tipo de divulgación que la Universidad a veces no puede atender por el tipo de estructuras burocráticas que posee. El caso más concreto con el que yo me encontré fue cuando, Diego Diez, la persona que es el distribuidor de arduino en Argentina, uno de los primeros que empezó a investigar sobre arduino y sobre electrónica aplicada al arte en general. Lo pude llevar rápidamente a dictar un taller al Medialab del Centro Cultura de España. Pero cuando quise llevarlo a al Universidad, donde hasta marzo yo fui secretario de investigación y posgrado, para invitarlo a hacer un curso de posgrado, no pude porque esta persona no tiene título de grado, no reúne los requisitos para dictar un curso de posgrado (que de hecho no sólo hace falta tener un grado sino un posgrado). Ahí está un claro ejemplo, donde la misma persona que en un espacio pudo dictar el taller, siendo beneficioso para el espacio y para el alumnado que asistió al taller, y no lo pudo hacer en al ámbito académico. Cuando en realidad fue muy beneficioso para en CCEBA porque creo que fue el segundo taller de arduino que se dictó en Argentina. La Universida por tanto no se pudo beneficiar de esto porque su estructura no tiene la flexibilidad suficiente como para atender al hecho de que en este campo es un campo en formación, muy reciente, y no hay personas digamos que tengan título de posgrado en este tipo de práctica. Las personas que más se están dedicando a esto a duras penas tienen títulos de grado y muchas veces los títulos de grados que tienen no están relacionados con eĺ ámbito de conocimiento que desarrollan. Entonces, lo que está sucediendo es esto, los espacios de educación no formal están atendiendo a una demanda real que hay y que la Universidad por el momento con su estructura lenta de adaptación no logra atender del todo. Por otro lado, creo que la práctica del arte con nuevas tecnologías va de la mano con un tipo de ética hacker, por decirlo de alguna forma, que se está imponiendo en cuanto a la apropiación de la tecnología en general. Es parte de esta ética hacker estar vinculada de alguna forma con la divulgación del conocimiento de una forma mucho más rápida y democrática. Donde no hay una verticalidad con cómo se divulga el conocimiento. Esa filosofía hacker de base que si uno encuentra algo va y lo muestra. Investigar por uno mismo y divulgarlo. Yo casi diría que el arte con tecnología es el hermano hacker dentro del arte.

Totalmente de acuerdo. Y es una ética que puede seguir cualquier profesional dentro de su disciplina. También te preguntaré sobre software libre más adelante. Pero se me ocurre preguntarte, al hilo de lo que estabas hablando, ¿no te supone algunas contradicciones trabajar en espacios como la Fundación Telefónica? ¿te han surgido problemas para compaginar esta ética con este tipo de empresas que tienen actuaciones muy criticables? Aunque reconozco que por otro lado están ayudando a que se desarrollen estas prácticas.

Respecto al tema de Telefónica, sí, es una gran corporación multinacional con intereses propios, destinada al lucro. Y a uno le puede entrar la duda de hasta qué punto esos intereses económicos entran en contradicción con algunos de los discursos artísticos que a veces supuestamente parecen avalar. Uno muchas veces duda de estas cuestiones. Pero, particularmente en la experiencia de la Argentina, hay que reconocer que Fundación Telefónica ha sido muy importante en la generación de espacio realmente. Dio espacio a este tipo de prácticas cuando no había ninguna institución que lo hubiera hecho hasta el momento. Ha apoyado muchísimo a formas de divulgación. Es cierto que a veces puede estar sesgada de cierto exitismo. Muchas veces veo que las apuestas que pueden hacer son todo cosas digamos que funcionan muy claramente, digamos que es muy fácil traer a Eduardo Kac cuando ya sabe que está avalado por toda la comunidad artística. Parece que no toman las riendas respecto del tipo de elecciones que hacen. Pero creo que, para también hablar a su favor, uno le termina recriminando cosas a ellos desde ese lugar central que terminan ocupando y que en realidad son cosas que deberíamos recriminar al Estado. Criticamos a espacios como Fundación Telefónica porque termina siendo un espacio casi hegemónico porque es una de las pocas ofertas que aparecen en este tipo de praćticas. La desgracia no es lo que hace Telefónica sino que uno no puede elegir otra opción. En ese sentido, haciendo un emprendimiento privado que sí apoya este tipo de prácticas, aunque tiene fines de lucro, pero no tengo mucho que criticar. Es una empresa que está poniendo plata en algo que de alguna forma nos beneficia a toda la comunidad artística. He escuchado críticas del Premio Mamba de Telefónica en Argentina, uno de los más importantes. Se habla de si se eligió tal cosa o tal otra. Y lo cierto es que se carga tanto la tinta porque es una de las pocas opciones que hay y todo el mundo está esperando que para ellos sea la salvación de alguna forma. En realidad creo que debería haber espacios así impulsado por el Estado, que ofrezcas una alternativa a estas cosas. Porque Telefónica no es la encargada en divulgar el conocimiento en las prácticas artísticas en Argentina, creo que habría que agradecer que lo hace.

¿Cómo crees que se podría mejorar este apoyo al arte con tecnologías? Porque, también se opina lo contrario, que debería ser el sector privado el que apostara más por dar apoyo a estas prácticas. Pienso que en gran medida deben ser apoyadas por el Estado pero quizá cambiando el modelo económico que se suele ofrecer basado en “productos culturales”. Y lo que sí me extraña es que las empresas no vean más este ámbito como una oportunidad de inversión y de motor de innovación. ¿qué opinas tú de estos posibles modelos de sostenibilidad para este ámbito?

Creo que es una obligación del Estado apoyar determinado tipo de prácticas culturales. El Estado debería estar obligado a darle lugar a esto que es un tipo de producto cultural que particularmente produce conocimiento y está asociado a la investigación. Desde ese lugar me parecería importante que el Estado le diera mucha más en Argentina del que le da. Esto debería de existir y desgraciadamente aquí no existe. Por eso no tengo tanto que reclamarle ni a una empresa privada como Telefónica ni a una iniciativa que viene de la Embajada de España en Argentina a través de su centro cultural. De alguna forma casi todo el arte con tecnología en Argentina está apoyado por España, siendo dinero privado o público. Y las empresas, por lo menos aquí, no terminaron por entender esto que vos estás diciendo con respecto del valor que tiene este tipo de práctica en cuanto a cómo nuevos modos de comunicación, quizás asociado a la publicidad. Algunas empresas están empezando a ver pero no todas. Y es cierto que puede ser un buen nicho laboral. Aquí por ejemplo la gente de Estado Lateral, uno de los colectivos que está acá, trabaja mucho en el campo de la publicidad. Y nosotros estamos viendo como la posibilidad de trabajar más en ese área. Pero también es cierto que no es lo mismo la publicidad que el arte, en tanto al tipo de exigencia, de valores que se manejan, son muy diferentes. Dentro de ese campo uno a veces corre el riesgo de confundir estas cuestiones. Porque además, este tipo de práctica artística que hacemos no está ni siquiera avalada por el mercado del arte.

Yo veo que esto como algo positivo, como una posibilidad de romper con ese modelo económico tradicional para el arte, que bajo mi punto de vista no lleva a ninguna parte.

Sí, pero, por otro lado, de todos modos se hace muy difícil el panorama del artista que trabaja con tecnología porque ni siquiera puede plantearse el hecho de decir voy a vivir de vender obra, no es una alternativa ni siquiera posible. Yo también soy muy crítico respecto al mercado del arte de la manera que plateas vos, pero casi toda la gente que trabaja en arte con tecnología acá la mayoría termina trabajando o en educación o con suerte en alguna vía vinculada a la publicidad. Si no la alternativa que les queda es trabajar de otra cosa y hacer esto como una suerte de hobby. Yo la verdad que entre estar haciendo algo de otra cosa que no tiene nada que ver y haciendo esto como hobby solamente o, como alternativa, la posibilidad de vender obra, sería preferible que un artista pudiera vender obra. Después nos podríamos poner a discutir sobre qué es el mercado del arte, cómo funciona, cuales son sus valores, etc. De hecho, en realidad lo que creo que sucede es que el arte que hace uso de las tecnologías no termina de encajar en el mercado, por un lado, por el tipo de fenómeno efímero que produce, lo difícil que es conservarlo. Pero también, por otro lado, por el tipo de práctica hacker que a veces termina realizando. Obviamente está como en la otra vía completamente opuesta de la que demanda el mercado del arte. Por eso no es casual que no se pueda vender.

A eso me refería. Pero tampoco termina de darse una especie de alianza con empresas de un modo más horizontal. Es lo que planteábamos en el medialab temporal que organizamos aquí en Sevilla. Situándonos en el parque tecnológico de esta ciudad proponíamos un espacio para facilitar una mayor unión entre universidades, empresas y nuevos espacios culturales. Generar una confluencia de distintos profesionales de un modo abierto e informal. Sin embargo no terminan de verlo, no son capaces de ver las oportunidades y el beneficio que esto supondría.

En latinoamérica sucede lo mismo. En este momento estoy empezando a tener entrevistas con empresas y estoy tratando de convencerlos de que lo que nosotros hacemos es arte y de que quizá lo que a ellos les beneficiaría es avalarnos como práctica artística en sí y no intentar adaptarlo a un discurso publicitario. A largo plazo creo que esta batalla la vamos a terminar ganando. Si uno piensa hacia atrás, recuedo que hace 5 o 6 años atrás yo tenía que andar discutiendo con las personas si esto era o no arte, la discusión del momento era esa. Pero ahora ya nadie discute eso, si alguien piensa que lo que hago no es arte ya ni me detengo, está como fuera de lugar la discusión. Creo que dentro de quizá 10 años, o menos con suerte, va a suceder lo mismo con esto que las empresas se van a dar cuenta que esto tiene un valor cultural muy importante y que entra en consonancia con una forma, digamos, de pensamiento mucho más contemporánea que otras formas de producción cultural. Creo que eso es lo que tienen que entender. Nuestro arte está más conectado a las formas de comunicación actuales, con la forma en que suceden un montón de cosas. Hace unos años las empresas sólo pensaban en hacer publicidad a través de la televisión y nadie le prestaba atención a Internet, y ahora ninguna puede prescindir de su espacio en Internet. Con esto va a pasar lo mismo, las empresas van a ver que a esto hay que darle lugar porque tiene un valor cultural que además nos puede ser de utilidad. Cada vez veo más interés por parte de las empresas, no se animan a apostar, pero tienen inquietudes al respecto.

Podrías hablarnos sobre el funcionamiento del Medialab del Centro Cultural de España en Buenos Aires ¿Cómo se pone en marcha esta iniciativa?, ¿estabas allí desde el comienzo?

El Medialab del Centro Cultural de España en realidad se inicia a través de una propuesta de Gustavo Romano que le hizo a la gente del Centro Cultural de España, dos o tres años antes de que yo llegara. En ese momento el medialab se inició, digamos, de una forma un poco más modesta, realizando talleres con personas del extranjero. Se invitaba a artistas de España vinculados a la tecnología a dar un seminario intensivo de una semana. Se puso también en marcha una iniciativa de crear un espacio para hacer un seguimiento de trabajos de net art, que esto fue llevado por Gustavo Romano. En algún momento me invitaron a mí a participar del medialab, creo que principalmente porque venían viendo mi actividad en gestión académica. Yo venía trabajando como coordinador de investigación y posgrado en laIUNA, siendo una de las personas en impartir los primeros cursos de posgrado en arte y nuevas tecnologías en Argentina. Creo que fui la primera persona en impartir un taller de processing en habla hispana en el mundo. Entonces, ya venía hacia unos 3 o 4 años haciendo divulgación de este tipo de conocimiento y a partir de ahí creo que me invitaron a formar parte del medialab. La directora en ese momento, que era Lidia Blanco, me pidió llevar un espacio alternativo del que estaba llevando Gustavo vinculado a los seminarios que antes te comentaba. Principalmente me pidieron que llevara el laboratorio de producción de obra, así como un espacio de talleres pero de artistas argentinos. En ese momento es cuando yo creo que el medialab triplicó de alguna forma sus actividades, desde esos inicios un poco más modestos empezamos a tener una cantidad de actividades bastante importantes. Gustavo seguía haciendo lo que venía haciendo, que aparte lo hacía muy bien. Yo agregué una rama de talleres de artistas argentinos y lo que es el laboratorio de producción, que lo que hace es seleccionar 4 proyectos de artistas por año y se hace el seguimiento. Gustavo Romano este año se fue, porque ahora está viviendo en España. Y, sí, en los últimos años el medialab ha crecido mucho.

Por lo que me cuentas el medialab ha tenido muy buena acogida en el contexto local, ¿esto es así?

Sí. Los seminarios de artistas extranjeros ya tenían buena acogida. Pero el problema que tienen es que, normalmente, cuando se invita a un artista de fuera no se puede quedar más de una semana en un espacio. Entonces, lo que se genera es una actividad muy intensiva que a veces no se ajusta, particularmente en Argentina, al tipo de vida que llevamos los argentinos, que está muy cargada de trabajo y no tenemos la oportunidad de dejarlo durante una semana para asistir a un curso. Cuando yo abrí el espacio inicié otro tipo de lógica, justamente porque podía trabajar con gente local. Comencé talleres que duraban un mes y medio que permitió otro tipo de divulgación de conocimiento. Hasta ahora hemos realizado por lo menos 28 talleres, hemos tenido talleres desde videojuegos, de videoarte, de electrónica aplicada al arte, de páginas web, de sonido digital, muchísimas cosas. Pero, a parte de esto, el laboratorio de producción abrió un espacio muy importante, alternativo a lo que es el premio de Fundación Telefónica por ejemplo o el taller de Interactivos celebrados en la misma fundación, que eran los únicos espacios disponibles de producción. Fuimos armando una modalidad que, por lo menos a nosotros nos sirve mucho, que es: seleccionar un proyecto, hacer un seguimiento de 5 meses, durante esos cinco meses se hace un encuentro semanal con los artistas, se les da dinero de apoyo para la realización de la obra, se le da asistencia técnica y se contrata a técnicos en temas específicos del proyecto, se hacen cuatro evaluaciones durante ese tiempo y al final se hace una muestra. En este momento es uno de los únicos espacios en Argentina donde se realiza todo el proceso desde la idea hasta la muestra.

Te iba a preguntar si para vosotros es Medialab Prado un referente. Peroquizá, por lo que me estás contando, vuestra actividad se acercaría más a lo que es un centro de producción como podría ser aquí Hangar, ¿es así?

Puede ser. Nosotros cuando empezamos a realizar esto no partimos de una referencia externa concreta sino que en realidad partimos de nuestra propia experiencia como artistas en nuestra propia producción y lo que decidimos fue armar un modelo que se ajusta a las necesidades de Argentina concretamente. El problema del artista argentino es que como no puede ganar dinero con su práctica artística está generalmente abarrotado de trabajo para poder sostenerse económicamente y no tiene tiempo como para realizar obra. Entonces, nuestro modelo apunta principalmente a obligarlo a generar ese tiempo a través del apoyo económico que le damos, un poco eso es la ecuación que nosotros encontramos para hacer que esto funcione. El taller de interactivos lo conocí después de hecho. Ahora que lo conozco y veo como funciona veo que es un modelo que es muy bueno pero que en Argentina no funcionaría; porque yo no podría hacer que artistas argentinos pongan en suspenso sus vidas durante dos o tres semanas para realizar una obra y después vuelva a su trabajo. La verdad es que a esta persona le terminarían echando de su trabajo, que como artista le vendría muy bien pero le traería serios problemas económicos. El tema del tiempo y el dinero en Argentina es muy complicado.

Ja, ja ja bueno, como en todas partes, creo que aquí también pasa un poco lo mismo, no todo el mundo puede acceder a ese modelo de talleres por los mismos motivos. Y con respecto al presupuesto que vosotros manejáis, ¿todo el dinero viene de la AECID o tenéis otras vías de financiación?

Sí. todo viene de la AECI. Lo cierto es que si yo te mostrara el presupuesto con el que trabaja el laboratorio de producción del medialab gastamos muy poco dinero. Si una cosa caracteriza al medialab nuestro es que tiene una cantidad de actividad muy grande para un presupuesto bastante pequeño. No te he comentado un par de trabajos más que hacemos. Tenemos un laboratorio de cooperación donde trabajamos con ONGs, las conectamos con artistas para que ellos busquen soluciones a sus problemas. Y también tenemos los talleres en red, junto con el Centro Cultural de España de Rosario, de Córdoba en Argentina, de Santiago de Chile y de Montevideo en Uruguay, dictamos talleres por videoconferencia con ellos. Y todo esto se hace en un espacio físico que con suerte mide 7 u 8 mts por 3 mts, más o menos, es muy pequeño. Por suerte una de las cosas que yo entendí y pude aplicar es que la estructura no la hace el espacio físico, ni el dinero, sino la organización de los recursos humanos. Lo que nosotros damos principalmente es contención a la gente, en el sentido de que nosotros sí o sí celebramos nuestro taller semanal, hay un seguimiento constante de las actividades, y eso es lo que genera el espacio real, no físico sino en su funcionamiento.

¿Cuantas personas estáis en el equipo?

Dos personas.

¡Dos personas!, ¿para todo eso? Pues cuando consultaba vuestra web me parecía un equipo de mucha más gente.

No, tiene que ver con esto del presupuesto, somos sólo dos. Ojo, pero tenemos muchísima organización. Tengo una planicia de cálculo que dice las actividades que yo tengo que andar vigilando y las cosas que tengo que hacer de todas las semanas durante todo el año y eso se hace a principios de año. Es una organización muy compleja y laboriosa.

Y, aproximadamente, ¿cómo de grande es la comunidad que se acerca al Medialab?, ¿crees que habéis producido un verdadero impacto en la ciudad?

Cuando nosotros entramos al medialab tenía en sus seminarios un cupo de inscripción que rondaba entre las 12 y las 25 personas por taller. Cuando nosotros comenzamos a hacer actividades empezamos a tener un promedio entre 50 y 60 personas, no podemos tener más porque no tenemos espacio físico y tengo que hacer una selección de personas. En este último año en el taller de electrónica lúdica, donde se trabaja con arduino y se desarman juguetes para hacer aparatos musicales y cosas por el estilo, se anotaron 147 personas.

Sí. Este tipo de talleres siempre tiene mucho éxito, le atrae mucho a la gente.

Sí, es verdad. Matías y yo tenemos una gran cantidad de trabajo. Él es mi asistente en el medialab, aunque trabajamos por igual a pesar de que él tenga el rol de asistente y yo de coordinador. Ambos, quizá por trabajar también en el ámbito académico, en la Universidad hablamos continuamente con gente que le interesa este tema, es por eso que tenemos muy buena escucha de la demanda del medio. Nos damos cuenta de lo que el medio está pidiendo y salimos a buscarlo. Y estuve por ejemplo 6 meses buscando a alguien que diera el tema de los videojuegos hasta que encontré a un artista que hace videojuegos pero planteados desde una óptica artística. Busqué meses entre el mundo de los desarrolladores, que es todo un nicho con sus propias leyes, otro mundo digamos. Busqué hasta que encontré a la persona adecuada para ello.

¿Y cómo es el perfil de los usuarios? Porque estamos viendo que a estos espacios se acerca ya no sólo artistas y personas que trabajan con nuevos medios sino que viene gente desde muy variadas disciplinas. En vuestro medialab pasa lo mismo, supongo.

Yo creo que de las personas que asisten al medialab quizá la mitad son artistas, o un poco menos. Dependiendo del tipo de taller que se dicta. A veces tenemos muchísimos arquitectos, o periodistas por ejemplo, muchas veces gente del campo de las letras, de la filosofía que viene a entrarse de algunas cosas. Tenemos perfiles muy variados. Siempre perfiles que están vinculados si no es al arte a la comunicación o a la arquitectura. Muchísimos músicos también.

¿Intentáis que se dé una confluencia entre lo que serían disciplinas humanísticas con otras de carácter cientifico-técnico?

Por un lado, a mi me interesa sostener en este espacio la producción artística, sería mi interés principal. Pero por otro lado otra cosa que siempre me ha interesado es generar un tipo de producción de conocimiento que de alguna forma tire algún mito o alguna etiqueta digamos del saber tradicional. Me refiero a que se puede dictar un taller de matemática para artistas, o de electrónica o se puede vincular al arte con la bioingeniería. Generar esa ruptura a través de los talleres, que después termina graciosamente siendo apropiada culturalmente. Por ejemplo, que nosotros avalemos un taller de electrónica para artistas y después de tres años ya es como algo normal hacer arte con la electrónica. El hecho de trabajar en el Medialab del Centro Cultural de España, un espacio que tiene un peso institucional, me refiero a que somos reconocidos como un espacio de referencia en esto, nos da la posibilidad de construir estas ilusiones. Es decir, que la gente pensará que si el Medialab ha hecho tal cosa es porque es importante. A mi me gusta mucho generar esas rupturas y esos movimientos. Como esto que estamos haciendo ahora de juntar a ONGs con artistas que trabajan con tecnologías, es como un experimento para ver qué pasa.

Ofrecéis a los artistas, y a los usuarios en general, elementos para que se construyan ese discurso del que ayer hablábamos. Mi duda es esa, también con respecto a las iniciativas de aquí en España, de si se está dando una formación que no sea sólo técnica. Porque en este tipo de espacios, a veces, me da la sensación de que se pierde un poco esa parte. No se realiza una valoración de los proyectos que se producen y un análisis que permita contextualizarlos, hacerlos accesibles al público, dar claves para ser entendidos más allá del dispositivo técnico.

Desde nuestra práctica de laboratorio lo hacemos. Cuando hacemos el seguimiento de los proyectos gran parte de nuestros encuentros con los artistas, sobre todo los primeros, apuntan a revisar que están haciendo desde el discurso muchas veces más que de la asistencia técnica. Año tras año esto está cada vez ganando más lugar. Desde los talleres no tanto, por dos cuestiones en realidad. Por una parte me cuesta mucho encontrar a la persona capacitada para esto, es mucho más difícil encontrar a una persona que tenga una capacitación de articulación del discurso de arte con tecnología. Debería ser una persona con experiencia desde la práctica, con mucha capacidad crítica y de divulgar esto. La verdad es que estamos buscando ese perfil cada vez más. Y por otro lado, es cierto que los años que hemos pasado hasta ahora hemos atendido más a la cuestión técnica porque muchas veces nos encontramos con gente que no tiene experiencia en arte con tecnología y quiere comenzar en esto. Entonces los talleres con tecnología lo que permiten es que la gente se anime a venir y que rompa con el temor a la tecnología que muchas veces es un limitante para que entren en este campo. En estos años nos hemos dedicado a una suerte de alfabetización tecnológica, que aquí ha sido necesaria. Recién ahora están apareciendo talleres más vinculados a la reflexión discursiva, de la crítica de arte y cosas de ese estilo, y creo que tiene que ver con que la alfabetización está siendo cubierta. En unos años yo creo que tendremos muchas más actividades vinculadas a la reflexión y la crítica de arte con tecnología.

Antes, me ha parecido muy interesante lo que has dicho sobre los talleres en red con otros países de Latinoamérica que realizáis. Esto conecta con otra de las preguntas que te quería hacer de cómo es la relación en este ámbito de Argentina con el resto de países de latinoaméricanos, porque a veces desde aquí tengo la sensación de que miráis mucho hacia España o Europa en general y hay menos contacto entre vosotros de lo que podría y sería bueno que hubiera. ¿Se está creando una red?

Sí. en general yo siempre he sido una persona que valora mucho lo local, prefiero no mirar tanto en lo que se hace fuera y ver que se está haciendo por aquí. Siempre considero que en la Argentina hay suficientes recursos humanos y de conocimiento como para atender a la producción en sí misma y siempre le he dado mucho lugar a esto. Siempre me he preguntado que por qué voy a traer a una persona de fuera a que me dé un taller de arduino si tengo personas acá que están investigando sobre ello. Creo que en Latinoamérica en general se está produciendo esta conciencia también. Ricardo Vega que es uno de los que más me apoya en Chile con este tipo de prácticas creo que está muy de acuerdo con esto que estoy diciendo, Brian Mackern en Uruguay de igual manera, y posiblemente Kiko Mayorga desde Escuelab también. Cuando nosotros estuvimos en el encuentro labtolab en Madrid, hubo un momento que nosotros hicimos una reunión aparte.

Sí, lo recuerdo, yo me fui con vosotros, era más interesante.

Hicimos esta especie de minired, de lab a lab, en la que están surgiendo este tipo de cuestiones. Hay una especie de emprendimiento que se llama Anilla Cultural que viene de Barcelona, que está dando vueltas por los centro culturales de Latinoamérica, y que apunta a vincular por videoconferencia distintos espacios. Pero por lo que he escuchado tiene como un requerimiento técnico bastante importante que quizá en la mayor parte de los centros de Latinoamérica no se puede atender. Y por ejemplo, yo abrí la red con nada, con la conexión a Internet común y corriente, con sistemas de streaming de video como open meeting o a veces hasta con skype. Y generamos estos talleres en red, que tienen muchos problemas técnicos, a veces se cae la conexión, pero la red se generó. Ya vamos por el 5º taller y durante el año se van a realizar 6. Yo soy un tipo que no se queda pensando si lo va a hacer o no, yo voy y lo hago y lo trato de hacer con lo que hay. Me basto con pocos recursos. Por ejemplo, no me quedé esperando si Anilla Cultural funciona o no, porque creo que todavía andan pensando, creo que está avanzando pero llevan mucho tiempo. Nosotros en un año empezamos la red, mucho menos ambiciosos pero mucho más ajustados a nuestras necesidades. Argentina es referente en este tipo de prácticas, junto con Brasil y México. Y de los centros culturales de España el de aquí es el único que tiene medialab. Eso nos da el privilegio de poder fomentar estas iniciativas quizá con algo más de fuerza que los otros centros e invitarlos a ellos. Estoy apostando ahora a hacer una práctica de laboratorio conjunta.

Pues me parece estupendo. Tal como ya os comenté, en el labtolab tuve esa percepción de que vuestros proyectos son muy interesantes con menos recursos y que si trabajárais más en red os podríais hacer mucho más fuertes y autosuficientes, ser un referente a nivel global. Me parece además muy interesante que comentes esto de cómo en vuestra práctica os adelantáis a una iniciativa que viene de fuera y que va por un cauce mucho más lento y oficial, es una actitud muy hacker.

Tengo que puntualizar que esta iniciativa mía de los talleres en red fue muy apoyada por el director del centro cultural nuestro.

¿Y esta red por el momento sólo estaría establecida entre Argentina, Chile y Uruguay?

Tomé estos dos puntos que son los que tenía más cerca para iniciar. Poner estos talleres en funcionamiento tuvo muchísimas complicaciones burocráticas y hasta políticas. Costó muchísimo, casi nadie se quería integrar al principio, después se querían integrar todos. No puedo contarte el trabajo que costó, en general la red humana no la cuestión tecnológica. El hecho de convencer a los demás de que esto podía servir, de que había que hacerlo. Y la energía no nos dio más por este año de vincular a Uruguay y a Chile. El próximo nodo que tengo en vista para integrar es Sao Paulo, ya se comunicaron con nosotros interesados. Y también Lima con Escuelab. Es lo que nos ha dado tiempo por el momento pero me gustaría ampliarlo, también con México y Colombia.

¿Y por qué crees que a veces es difícil? ¿Por qué crees que las personas a veces son reacias a poner en marcha este tipo de trabajo en colaboración? Te lo pregunto porque a mí también me ha pasado con iniciativas que he puesto en práctica.

Bueno, yo esto lo he vivido mucho en el ámbito académico, en la Universidad. Todas las instituciones están conformadas por personas que tienen intereses políticos propios y esto genera como una suerte de inercia institucional que es muy difícil de mover, y más en el ámbito público. A veces en el privado, aunque mal, el dinero acaba mandando y si hay algo que se deba hacer se debe hacer independientemente de los intereses personales. En el ámbito público a veces los intereses personales terminan pesando mucho. Y las personas que trabajan en gestión muchas veces acaban midiendo mucho si lo que van a hacer les va a traer rédito político o si les va a suponer un riesgo. Y ese temor creo que muchas veces dificulta mucho este tipo de cosas. La comunicación con Ricardo y con Brian ha sido extremadamente sencilla, no había nada que discutir al respecto. Los problemas empiezan cuando tienes que hablar con los directores, los coordinadores, cuando empieza la institución en funcionamiento, esto requiere otro tiempo.

¿Tenéis residencias artísticas en el medialab?

No. No tenemos recursos económicos suficientes para sostenerlo. A mi me encantaría porque a veces hasta nos demandan. Yo he recibido mails de gente de otros países que quieren inscribirse en el laboratorio de producción, pero no tenemos recursos para ello por el momento.

¿Cuales serían entonces los principales incovenientes con los que os encontráis en el día a día?

Nuestro espacio físico es muy chico como te decía, que eso es algo que está por resolver a mediano plazo porque hay un edificio nuevo que el Centro Cultural de España está acondicionando que es muy grande así que se terminará resolviendo. Y el problema constante con el que estamos siempre lidiando es presupuestario. El centro cultural invierte mucho en el medialab, lo tengo que reconocer, esto no sería posible sin su ayuda, pero creo que tiene un éxito y una demanda que año tras año crece muchísimo y que a veces es muy difícil atender a ese crecimiento sin un crecimiento presupuestario acorde. También hay cierto ajuste económico por la crisis que hay en España al que nos tenemos que acomodar para seguir realizando nuestras actividad.

¿En qué temáticas estáis más interesados en estos momentos? ¿hay algún tipo de comisión que decide los contenidos?

No, la verdad es que somos Matías y yo que nos sentamos y decidimos que temas podemos ver en el año y tratar de estar atentos a qué cosas todavía no se han hecho y faltarían de hacer. Lo que sí está apareciendo la red esta como escenario es que ahora las temáticas no tienden sólo a las cuestiones locales de Buenos Aires sino lo lo que pasa en Santiago de Chile, Montevideo, Rosario y Córdoba por este tipo de talleres. Entonces, yo veo que el tipo de producción de conocimiento que hay es muy distintos y el tipo de demanda también. Se produce un tipo de intercambio muy interesante. Por ejemplo los talleres que propone Buenos Aires son generalmente de punta en cuanto a determinado tipo de apropiación tecnológica o determinado tipo de apropiación de forma realizativa del arte. Los talleres que propone Rosario están más vinculados al periodismo o la apropiación y crítica de los medios. Lo que propone Santiago de Chile muchas veces es más sobre la aplicación social de las tecnologías. Se ha establecido como un escenario posible de cómo vamos homogeneizando y generando desde nuestras particularidades locales esa demanda global. Ver qué requiere cada uno de los puntos y qué puede dar.

Pues es muy interesante porque además creo que tiene unas implicaciones políticas que pueden ir más allá del ámbito artístico. Es decir, creo que siempre ha habido cierta “división” entre los países latinoaméricanos, una carencia de conciencia colectiva, probablemente incentivada por las diferentes potencias colonizadoras. Y, no sé, puede que este tipo de prácticas culturales ayuden mucho en este sentido.

Sí. Por lo menos entre la gente con la gente que nosotros nos estamos vinculando para crear una red hay como una clara conciencia regional. Siento que los problemas que me cuenta Ricardo en Chile y Brian en Montevideo aunque estaríamos ubicados en distintos puntos de la cuestión, son parecidos. En algunos lugares se está más avanzado con respecto a algunas cosas y en otros menos. Tenemos distintos recursos pero en general las problemáticas son las mismas. Podemos enriquecernos mucho mutuamente compartiendo el conocimiento que cada uno puede aportar en algún aspecto.

Desde el labtolab, algunos estuvimos hablando sobre la posibilidad de hacer un encuentro internacional de medialabs latinoamericanos en Colombia. ¿Crees que sería interesante y necesario hacer un encuentro de este tipo?, ¿estáis pensando en hacer algo similar?

Sí, es interesante. Pero lo que sucede es que yo soy bastante amigo de ir lento pero firme. Entonces mi primer intento en esa dirección es poner en marcha esta red que estamos haciendo. Siempre digo que para mí estos talleres son la excusa para generar la red, no son el objetivo en sí los talleres. De entrada pude vincular a Uruguay y a Chile y no quise ir a 5 o 6 países de entrada porque consideraba que lo más importante era arrancar con uno o dos y si eso iba bien seguir sumando. He visto muchos proyectos en Latinoamérica y Argentina que arrancan de un lugar muy ambicioso y rápidamente van al fracaso. Prefiero ir avanzando de a poco. Y con la red ya armada proponer un encuentro más sólido. Ojo, esto es el camino que que yo elijo pero avalo cualquier otra empresa que apuesta por generar esto de otra forma. Y seré el primero que tratará de ir a cualquiera de estos encuentro que se hagan en Lationoamérica.

Ya vamos terminando, pero hay una pregunta que no me gustaría dejarla sin hacer. ¿Cual es el grado de compromiso que tenéis con el software libre en el Medialab? ¿Hacéis talleres de formación con herramientas libres?

Yo apoyo el software libre, de hecho en la Universidad trato de enseñar solamente software libre. Y me parece particularmente importante que la Universidad pública apoye esta iniciativa. Desde el Medialab si bien se han dictado talleres donde se han explicado contenidos con software privativo ha sido por atender a algún tipo de práctica. Por ejemplo para edición de vídeo si la persona a la que invitemos tiene conocimientos de ese tema pero trabaja con Final Cut, en ese sentido le damos libertad de explicar su tema con las herramientas que maneje. No voy a obligar a alguien a que para dictar un taller lo tenga que hacer en software libre. Pero cada vez más apoyamos a tecnologías y programas como arduino, procesing, etc. Desde el laboratorio de producción no hacemos ningún tipo de apuesta tecnológica en sí, el artista elige sus propias herramientas y apoyamos lo que elija. Aunque siempre aconsejamos claramente utilizar software libre, principalmente por una cuestión de legalidad. A mi me parece muy importante que un artista pueda trabajar con una herramienta de forma legal. Por un lado no me gusta estar sacando un usufructo de algo que no he pagado y por otro lado que uno tenga que trabajar desde un a priori de ilegalidad cuando existe la posibilidad de no hacerlo.

Para la investigación artística también es mucho mejor, no? Tienes más posibilidad para explorar y crear. Es casi como algo natural, o debería serlo, que los artistas que trabajan con nuevas tecnologías utilicen software libre.

Sí, es apoyar esta ética hacker. No tener que pagar a una corporación para utilizar una herramienta, es lo que más me interesa. Sí, apoyar un emprendimiento cultural que a mí me interesa más como proceso cultural, que tiene que ver con el desarrollo de software y distribución gratuita del conocimiento. Entonces a mí me interesa esa cuestión particularmente.

¿Os sentís en el Medialab parte de un nuevo paradigma cultural emergente en el que las prácticas artísticas vinculadas a la ciencia y la tecnología han tomado otra vía con respecto al circuito tradicional del arte?, ¿crees que es un proceso con proyección de futuro?

El sistema de galerías vinculadas a la venta de arte tradicional están cada vez más preocupadas en cómo integrar esto de alguna forma que no encuentran, pero por lo menos ahora las veo más preocupadas. A nosotros nos invitó una galería a una feria de arte y era una galería que tres años antes estaba colgando cuadros de caballos. Yo me las imagino a estas personas que vendían estas estampas de caballos, tratando de ver como hacer ahora con una obra con tecnologías en ese mismo escenario. Así que esto también creo que va a cambiar en algún momento, pero no sé cómo, creo que va a costar muchísimo.

Y por último, quería preguntarte qué libro estás leyendo ahora. Es algo que me gusta preguntar porque creo que define en cierta forma a la persona y además saber qué leen los artistas que trabajan con tecnología.

Tengo poco tiempo para leer. Pero el último libro que he leído y que me interesó mucho es La ética hacker y el espíritu de la era de la información de Pekka Himmamen.

Muchas gracias por la conversación!

 

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