We love fake

 

Pensando en las neuronas espejo, recordé aquella máxima duchampiana: “el espectador hace al cuadro”. Posteriormente sería ampliada por Umberto Eco en su Opera aperta y amplificada por muchos otros “ecos” más hasta nuestros días. Podría decirse que los “prosumidores” del siglo XXI esto lo llevamos ya en los genes, no hace falta que hablemos de ello. Sin embargo, es curioso ver como la ciencia asfalta los caminos abiertos por artistas y poetas desde un tiempo atrás (variablemente).

Ahora que tenemos las tecnologías necesarias para observar los movimientos neuronales se constata un hecho, ya intuido, sumamente interesante: cuando vemos a una persona realizar una determinada acción se activan ciertas neuronas en nuestro cerebro de la misma manera que si la estuviéramos realizando nosotros. Esto explicaría cosas como que lloremos o sonriamos cuando vemos que otra persona lo hace, como bien se cuenta en el capítulo de redes que ví el otro día.

A mi lo que me fascina es que esto sea así aunque las acciones sean fingidas y seamos conscientes de ello. Por lo visto es lo que nos diferencia de otros animales, nuestra capacidad para la ficción y lo mucho que nos gusta practicarla. Por eso me acordaba de la conexión entre un objeto artístico y el que lo observa. Cuando vemos una película o leemos un libro re-creamos las escenas, las vivimos de alguna manera, a causa de las neuronas espejo y nuestra capacidad de imitación (aunque sean realidades ficticias creadas por nosotros mismos). Es también, probablemente, la cualidad fundamental para aprender. Pero cuando esto salta hacia el terreno de la fantasía la historia se complica.

¿Por qué bostezamos si otro bosteza?, ¿Por qué nos duele si vemos un golpe?. Pero, aún más inquietante… ¿por qué a veces fingimos, teatralizamos, esos golpes, risas o besos?

Si al ver bailar mis neuronas bailan, qué bien que algunos practiquen todo el día para hacerme experimentar ese baile maravilloso -casi como si yo lo hiciera-. Leer un poema o una idea y que se me acelere el pulso. Decían en el programa “la imitación es una sofisticada forma de inteligencia”, será que a través de las ficciones entrenamos esta cualidad compartida. Normalmente, todo lo que necesitamos hacer nos produce placer, así que debe corresponderse con una necesidad humana que va más allá del mero manejo de herramientas. Y con esto de las herramientas, también me hace gracia pensar que quizá nuestra incesante capacidad imitativa no tiene por qué reducirse a las personas, puede que imitemos otros mecanismos producidos por agentes diversos.

Me refiero esas mutaciones cyborg que tanto me gustan. El otro día volvió a pasarme, algo que podría tener que ver con esto de las neuronas espejo. Y es que mi diaria actividad “multitasking” frente al ordenador está llegando demasido lejos. Vale que escuchemos música, leamos el correo, busquemos información y bebamos té al mismo tiempo (con sus idas y venidas, lagunas y desvíos). Supongo que, como muchos, voy abriendo ventanas y pestañas, actualizando contenidos, mientras unas y otras se van cargando. O tener varias conversaciones de chat a la vez, a cada cual más diferente. Aunque, claro, en paralelas múltiples en la pantalla pero siguiendo una única línea de tiempo en mi cabeza.

Sin embargo, el otro día que andaba en mil historias, empezó a hablarme una amiga en llamada por skype (voz) y pensé “que seguiría leyendo el texto que estaba leyendo mientras hablara con ella” -aquí estaría bien meter uno de esos bocadillos (?*/_·!#&^) de los dibujos animados japoneses para expresar mi cortocircuito y desconcierto ante la estupidez que acababa de pensar- ¿Cómo iba a mantener una conversación y leer al mismo tiempo? Porque, en esas borrosas décimas de segundo, no pensé en hacerlo a intervalos o en leer por encima, no, no, pensé en hacer completamente las dos cosas a la vez “como si fuera un ordenador”, que te reproduce vídeo, te busca páginas y te corrige la ortografía de un texto prácticamente de manera simultánea.

Por eso, relacionando ideas, me pregunto si estaría yo (o mis neuronas espejo) imitando el funcionamiento de una máquina y que esa “sofisticada forma de inteligencia” no estará también copiando a las computadoras (nuestro mundo artificial construido) del mismo modo que habremos siempre imitado otros procesos de la naturaleza.

 

 

 

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