Manitou y Za!

rodando por la sierra de Aracena las conexiones inverosímiles comenzaron a aparecer. porque su música era como esa mermelada que se sale por los bordes de la tostada, por suerte nosotros no nos salimos de ninguna curva.

la guitarra, los gritos y la batería daban ganas de no terminar nunca el viaje. de olvidarte de lo que eres para ver hasta donde llegas, como ellos en el escenario.

me tangaron en Alhaja con un paquete de cigarrillos que eran como una patada en la garganta, no menos fuerte que el vértigo o la energía de Za!. estábamos cerca y parecía tan lejos, muy mezclado. no sé si era yo, o el baño de agua aurificada, que nos transformó y convirtió el campo en un parque de atracciones. casi no podía ya diferenciar los objetos entre sí, lo que era o parecía ser. pero sí las palabras, que sonaban todas para ser escritas.

pero como no teníamos papel a mano, porque con las manos al volante o con un gintonic o con cualquier otra cosa, poco se podía hacer. las repetíamos y repetíamos muchas veces, hasta que de verdad parecían que ya habían sido escritas por alquien.

los Za! pusieron las notas chamánicas a este camino de iniciación a no sé qué. y recuerdo el concepto de umbral, del que siempre se habla pero que pocas veces se conoce.

a veces sólo así se puede hablar de ciertas cosas –  las que están en las grietas

*Este post es la cara b del reportaje sobre Sierra. Manitou es el nombre de los cigarrillos pero también otras cosas

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