Dimensiones del ciberespacio

 

 

Como dirían mis amigxs de Zemos98, #meacuerdo… de aquéllos interminables días de verano de cuando éramos pequeñas, que después de pasar horas en la piscina, al salirnos se nos quedaba el gesto de echarnos agua si nos efadábamos entre las hermanas. Y esto, ¿por qué lo recuerdo ahora? porque me ha pasado algo parecido tras mi inmersión en el universo twitter.

Estaba en el coche y al salir una canción que me encantó en la radio tuve el impulso de copiar y pegar el enlace para compartirla. Una locura, porque incluso moví las manos al volante y sentí como una especie de salto al vacio al darme cuenta de donde estaba. Vale, puede ser que yo siempre ando un poco en las nubes, pero fue ahí que tuve más consciencia de lo mucho que las herramientas digitales nos están influyendo en nuestros hábitos y comportamientos.

Me gusta pensar que, en general, estas “mutaciones cyborg” son positivas, pero no hay que ser ingenuos y darnos cuenta de que son transformaciones que no siempre son para mejor. Lo bueno sería que este tipo de observaciones nos llevasen a hacer un análisis de las aplicaciones e interfaces que estamos utilizando cada día de manera más crítica. No fijarnos en si son operativas o no, sino en cómo nos afectan y determinan o influyen en el funcionamiento de nuestro pensamiento. Desde luego habría que ser mucho más críticos con espacios como Facebook por la “simplicidad” (valga el eufemismo) comunicativa que genera. O, al menos, habitar otras redes para identificar las diferencias que a través de botones o relaciones están configurando nuestro lenguaje y nuestros movimientos. Preferiblemente os animaría a explorar otras redes sociales digitales que sean libres y construidas por nosotras mismas 😉 ya que es seguramente la única manera de ampliar nuestra perspectiva y poder actuar sin condicionamientos.

En realidad, en esto he vuelto a pensar leyendo sobre The Internet of Things y por mi preocupación por no poder escribir (o casi pensar) sin Internet. Hoy un ordenador sin conexión me produce claustrofobia, y mi casa también. Siendo esta sensación muy reveladora de cuales son verdaderamente nuestros espacios y sus dimensiones. Supongo que a muchxs también nos está pasando que cuando no sabemos lo que es algo, en el mundo físico, tenemos la tendencia de  también buscarlo en nuestra “base de datos” a la que nos falta acceso en la realidad física. Algo que se viene solventando a través de los dispositivos móviles, pero que aún son procedimientos muy rudimentarios comparados con lo que se nos avecina o que ya está aquí.

Por no hablar de otros hábitos, como mi creciente tendencia a no memorizar y ni siquiera atender a cómo se escribe cualquier palabra porque sé que Google me entiende y me encontrará lo que busco aunque lo escriba de manera incorrecta. Qué lindo cuando me dice eso de: Quizá quiso decir… pero qué perverso también.

Pues nada, seguiré leyendo a Rob van Kranenburg y compañía ahora que se pone interesante con lo de Bricolabs (para comentar en otro post) y os pego aquí la parodia de Futurama sobre el iPhone que tiene mucho que ver con estas ideas sobre nuestros comportamientos, nuestras realidades y deseos.

 

 

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