Laboratorio y proceso

El arte contemporáneo, hoy más que nunca, se esfuerza por acercarse al público, por hacernos partícipes de los procesos de creación. Esto va más allá de un propósito educativo, sino que se corresponde con una manera de entender la práctica artística donde pierde protagonismo el producto final y se valora más la metodología empleada. Las preguntas son más importantes que las respuestas, el trayecto más que el lugar de destino. La búsqueda experimental alcanza su pleno sentido en el ensayo/error hasta el punto de alejarse de cualquier supuesta idea de “verdad” o resultado concreto. Lo maravilloso ocurre cuando nos damos cuenta de que, aunque se muestren los entresijos de nuestro laboratorio, el misterio permanece.

Proyectos como el de Daniel Jacoby (Lima, 1985) Un Toblerone de exactamente 50g y 491 Toblerones de aproximadamente 50g es buen ejemplo de este carácter procesual del arte actual, que en este caso es generado a modo de experimento científico. Para ello es necesario establecerse en el espacio de trabajo adecuado, el laboratorio: aunque éste sólo conste de unos toblerones, etiquetas, un reloj y una balanza. Su propuesta, a simple vista, consistía en comprobar si este producto cumplía con lo expresado en su envoltura comercial, la cual indica que contiene 50g de chocolate. Tras minuciosamente pesar uno por uno, con verdadero rigor científico, descubrimos que fueron necesarios pesar 491 chocolatinas antes de encontrar una que pesara los 50g. Sin embargo, de lo que se trata es de poner en cuestión conceptos como el de objetividad, exactitud, realidad… y hacer visibles las debilidades del sistema científico basado en el empirismo como paradigma ideológico de la sociedad moderna. Con buenas dosis de humor e inteligencia, el trabajo se enmascara en la frialdad de las cifras para hacer su representación. Utiliza un formato aséptico que a su vez “emula” la habitual disposición museográfica, tan contagiada de esa estética de la cientificidad. Identificamos así cierto irónico paralelismo entre la “unicidad de la obra de arte”, la chocolatina de 50g, y lo seriado de la producción industrial, el resto. En sala se presenta la obra a través de su documentación, no sólo el resultado si no todo el proceso. Se nos detalla el trabajo realizado y su justificación, haciendo hincapié en que la obra es ese experimento y todo lo que él nos sugiere.

En una línea muy afín, pero con un objeto de estudio diferente, nos encontramos con el trabajo de Jorge Satorre (México DC, 1979) La verdad divina (Piaxtla incidiaria). Su experimentación se centra en la ilustración editorial, tema que conoce bien por haberla ejercido profesionalmente con anterioridad, y con ella en las interferencias que surgen entre las distintas disciplinas cuando se conectan. En su trabajo propone a un equipo de colaboradores reelaborar una serie de interpretaciones (dibujos) que eran anotaciones de un proyecto anterior (Piaxtla indiciaria). De esta manera introduce el factor de la autoría colectiva para abordar el trasvase de información de un formato a otro. En este caso el guión cinematográfico primero y después los dibujos o storyboard. Al igual que Jacoby pone el acento en el proceso y niega de forma más radical el resultado o trabajo final. Porque mostrar los dibujos fruto de las interpretaciones del guión era un camino, pero mostrarlos oscurecidos hasta hacerlos ilegibles es otro mucho más interesante. Esta elección plantea así cuestiones importantes y características de la trayectoria del autor como es la problemática de la intertextualidad o la representación como ejercicio de encriptamiento. El fracaso, la pérdida, aparece como poética y conocimiento que prevalece sobre la información que convecionalmente aceptamos en cualquier acto de comunicación como válida. ¿Acaso no es esta imperfección y su reconocimiento lo más característico del pensamiento humano? Incidir en ella es propio de las metodologías artísticas.

jorge Satorre

Para aquéllos que no estemos muy familiarizados con el lenguaje pictórico La cabaña de Miki Leal (Sevilla, 1974) es una buena oportunidad de acercarnos al trabajo de creación de un pintor. Dentro de la exposición es muy interesante ver sus apuntes de viaje (vídeo, fotografías, dibujos) y cómo luego ese material aparece transformado en sus imágenes. Su propuesta consistía en visitar las cabañas de Le Corbusier en Cap Martin y de Heidegger en Todtnauberg en la Selva Negra. Este viaje plantea una reflexión en torno al espacio de trabajo del creador, pero el proyecto toma cuerpo porque se da una similitud entre salir en busca del “mundo” y encerrarse en soledad en busca de las “ideas”. Son procesos que van en direcciones opuestas pero que van hacia la misma dirección. La memoria, las sensaciones y emociones se mezclan en unos cuadros aparentemente sencillos. En ellos vemos la persistencia de ciertas formas, estructuras o colores que se le fueron pegando en la retina. Su buen hacer como pintor es capaz de contar su experiencia a través de imágenes frescas en su valiente resolución, con un poso que seduce por su poder evocativo, su humor y su agudeza visual.

El proyecto de Alessandra Sanguinetti Las aventuras de Guille y Belinda, el enigmático significado de sus sueños y de cómo se sucedieron las cosas… comienza hace diez años cuando conoce a dos primas que comparten felizmente su infancia en la Pampa Argentina. Desde ahí empieza un proceso de investigación creativa en el que a través de la fotografía se establece un canal de comunicación entre las tres, el cual generará un magnífico material del que ahora podemos disfrutar. Las fotografías impresionan por su calidad y por la capacidad de haberse adentrado en ese mundo imaginario donde sólo habitan los niños. Años más tarde, vuelve a visitarlas en dos ocasiones y aquélla magia se convierte en ternura y honestidad hacia dos jóvenes mujeres que desde sus espacios de intimidad muestran su cotidianeidad mezclada de nostalgia por lo que no ha llegado a suceder.

Alessandra Sanguinetti

La obra de François Bucher (Cali, 1972) La Nuit de L’homme es todo un ensayo audiovisual de gran complejidad narrativa. Su proyecto plantea una auténtica odisea que se desarrolla en distintos escenarios y en la que participan numerosos actores. El proyecto, a través de las profecías apocalípticas en torno a la fecha 2012, se sumerge en un entramado que transita entre lo metafórico y la investigación periodística más exhaustiva. Su propósito es explorar la genealogía del mito para conocer en qué punto éste se confunde con la realidad a la cual construye. El nivel de discurso varía según se van resolviendo las entrevistas y se compone la propia edición del vídeo. En todo momento mantiene un papel de mediador entre los diferentes agentes, con nosotros y el público. Así su función es la misma que la de sus protagonistas, los cuales facilitan el paso de un “lugar” a otro, traduciendo la información. Todos buscan la entrada (y salida) a ese laberinto en el que quizá estamos nosotros como espectadores.

*Exposición Becas de Artes Visuales de Cajasol. Centro Cultural Cajasol, Espacio Escala, Sala Imagen. Hasta el 9 de mayo.
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