Festín de creatividad

¿Fueron pájaros?, ¿un avión?… No, fueron los “Superhéroes de barrio” que a lo largo de la mañana de ayer llenaron de sorpresa e imaginación el «Mercaíllo del Jueves» de la calle Feria. Un año más Intervenciones en Jueves desplegó un abanico de propuestas artísticas tan variado y atrayente como el propio mercaíllo en el que se desarrolla. Allí pudimos encontrar entre objetos, risas y conversaciones… performances, música, propuestas culinarias, instalaciones artísticas, chapas de diseño, intervenciones sonoras, prototipos arquitectónicos… un cóctel exquisito para ser compartido en el espacio público.

Este sería el comienzo de una serie de colaboraciones puestas en marcha para la jornada maratoniana del 4º día de festival con las que ZEMOS98 hace manifiesta la capacidad multiplicadora del trabajo colaborativo. Puede decirse que nos sentimos en «comunidad» todos los que ayer disfrutamos de un programa que destacaba por su disparidad, buena manera de acercar a personas muy diferentes en la misma fiesta.

Los Conciertos Domésticos marcaron un recorrido por distintos lugares de la ciudad con un sabor muy familiar. La tienda de Ultramarinos de La Beni nos llevó en un viaje por el tiempo hasta principios del siglo XX con las Melodía Pizarras de Radio3.

Bulos y tangerías nos llevó hasta un callejón del barrio de San Luis para unir el flamenco con la práctica performática en una acción magistralmente interpretada por Francisco Contreras, Niño de Elche. Aunque el flamenco tiene mucho de improvisación y puesta en escena, elementos no habituales en un escenario como colocar un cartel en la pared lo abre a nuevas formas interpretativas.

En La Nave Spacial tuvo lugar una actuación que verdaderamente parecía provenir de otro planeta. Internet2 y su música entre «la opereta electrónica y la música del siglo XIII» digitalizada, puso la nota desconcertante a la vez que divertida de la tarde. Este «mago» de los bits con su piano de cartón muy a lo do it yourself hizo las delicias de los más excéntricos.

La Casa de Pili fue el marco perfecto para la música de Mursego, momento además que aprovechamos para recuperar el aliento de la vorágine de actividades. Maite Arroitajauregi nos embelesó con los sonidos generados desde sus múltiples instrumentos que maneja como una «mujer-orquesta» del siglo XXI. Su delicadeza mezclada con cierto amargor quebrado, creó una atmósfera que vacilaba entre lo inquietante y los cuentos de hadas.

Mattin nos llevó hasta El Establo, en calle Castellar para meternos en una habitación oscura en la que se nos sometió a descargas de ruido a 120 db. Este experimento sonoro es parte de la propia investigación del artista en la que pone a prueba los límites entre los roles sociales que se establecen en un espectáculo y la actitud del público en situaciones de incertidumbre.

El final del trayecto desembocó en la Isla de la Cartuja, hasta la Facultad de Comunicación, donde asistimos al espectáculo “Wildworking”, que el grupo Fiera, en colaboración con otros artistas y músicos, llevó a cabo para la presentación de su nuevo disco. Una propuesta arriesgada que buscó su «momentum continuo» a través de una representación anárquica y dislocada que vibró a ritmo de post punk.

*fotografías de Julio Albarrán
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