El inicio de las prácticas intermediáticas

sobre la exposición Ver bailar

Si la danza se constituye desde principios del siglo XX como nexo de unión y elemento irresistible para las diferentes disciplinas artísticas es, probablemente, porque siempre había trabajado con un elemento que se convertiría desde entonces en uno de los más decisivos focos de atención para toda línea de investigación artística: el movimiento. La tecnología audiovisual, al incorporarse a este proceso, realiza una aportación fundamental: es la herramienta que lograría trabajar directamente con “trozos de tiempo”, atrapándolos y almacenándolos como material de análisis y experiencia. Por todo ello, esta exposición (producida por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Actual de Siegen) se presenta como recuerdo y recuperación de lo que ha sido un auténtico laboratorio de arte hoy mostrado a través de sus pantallas-probetas.

El soporte mayoritario de la muestra es el vídeo y esto nos permite apreciar cómo, en un principio, los medios audiovisuales en escena como una especie de salvadores de todas aquellas prácticas artísticas que tendían a la desmaterialización: de las obras de Naumann o las intervenciones en la calle de Trish Brown sólo nos quedan, en efecto, filmaciones. Pero, a través del recorrido de las diferentes salas, comprobamos que muy pronto el soporte audiovisual aumenta su participación en las obras hasta convertirse en un instrumento de nuevas formas de creación. El vídeo desmuestra que es capaz de hacer arte habiendo trascendido el ser un mero utensilio para la difusión y el almacenamiento de imágenes.

Es de destacar cómo, en este proceso de renovación, la danza, con una definitoria presencia de la mujer, consigue reunir a su alrededor a un buen número de autores con enfoques artísticos diferentes para generar iniciativas que caminan de un género a otro  desdibujando los límites establecidos. El movimiento del cuerpo en el tiempo y espacio se descompone bajo la mirada microscópica del minimalismo, siempre en cosntante búsqueda del umbral de lo artístico para detenerse en él: un casi nada que desborda. El arte conceptual, por su parte, sugiere nuevas propuestas que liberan al arte de lo narrativo y de los excesos de la expresividad.

Ampliación, desplazamiento, descentralización de la perspectiva artística… son algunas de las claves para la comprensión y el análisis de los trabajos aquí expuestos. Pero más importante sería conectar todo esto con los trabajos actuales que prosiguen en la indagación de la danza. La selección de obras incluye trabajos recientes como Go-go Dancing Platform o la relación entre dibujo y danza de Welz. Pero al ver estas obras no debe perderse de vista el concepto de laboratorio artístico y el hecho fundamental de que hoy, fuera de los museos, continúa el desarrollo de las prácticas intermediáticas, llevadas mucho más lejos de la mano de una tecnología cada vez más vertiginosa e infinita desde la aparición de Internet. Nuevamente, la danza, y la mujer, consiguen reunir a un grupo de artistas y expertos en nuevos lenguajes de programación en una iniciativa como Proyecto Paso, el pasado 2 de Julio ofreción en Sevilla y en la red – en Nukonén Paso a Chile-. Un paso más en la dirección ya iniciada por los artistas ya consagrados y expuestos en Ver Bailar. Con unos nuevos directores de orquesta equipados coordenadores, el espectáculo fundió “lo real y lo mediado” mezclando en tiempo real las coreografías que sucedían en tres lugares del mundo (Brasil, EEUU, España).

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